La sabiduría de las plantas y mi profundo amor hacia ellas.
Hola, mi nombre es Gabriela Quiroga, tengo 58 años y vivo en Ingeniero Maschwitz desde hace 31 años.
Me crié en CABA. Agobiada por el ritmo de la ciudad, sentía que la naturaleza me llamaba. Fue así como decidí buscar un lugar donde pudiera sentirme parte de ella. Encontré este hermoso pueblo —hoy ya convertido en ciudad— que me permitió integrarme a un todo: sus árboles, su cielo abierto y la tierra, en la que finalmente pude reconocerme.
Mi vida siguió su camino. Soy profesora de Historia y maestra de Tango. Nacieron mis tres hijes y tuve el privilegio de criarlos con muchísimo amor. Disfruté y sigo disfrutando cada momento compartido con mi familia.
Un día volví a sentir ese llamado profundo de la tierra, y nuestra huerta comenzó a crecer como nunca antes. Descubrí que la medicina estaba en mi propia casa y que, a través de las plantas, podía cuidar y sanar a mi familia
Como amo estudiar y aprender, me formé como Coach Herbal con Florencia Fasanella; estudié técnicas de blending con Tamara Fanta; Fitomedicina con Cecile Queau y aprendí junto a muchas otras “brujitas verdes” que se cruzaron en mi camino. También realicé una formación en Plantas Medicinales en ACP, una formación en Plantas Nativas junto a la ONG Germinar y Un Árbol para Mi Vereda, me acerqué a la cocina con plantas medicinales en Comer, beber y cultivar lo vivo con Alex Von Foerster, y aprendí sobre la medicina de los Comechingones en Yuyos y Saberes con Omar Riachi.
Así nació Sabia: de la sabiduría de las plantas y de mi profundo amor por ellas.
Quise compartir la magia de la medicina herbal porque creo que es una de las formas de sanar la relación que hemos construido con nuestra tierra, tan lastimada por el daño que día a día le provocamos. Creo profundamente que necesitamos recuperar un conocimiento ancestral que nos fue arrebatado; un saber que nos conecta con la naturaleza, con nuestro ser más profundo y con nuestra propia capacidad de sanar.
Sabia nace con ese propósito: volver a mirar a las plantas como maestras, honrar su sabiduría y recordar que la medicina también puede crecer en nuestro propio jardín.
Gabriela Quiroga
